
Samuel Beckett
A veces, un error, una falsedad, una ficción nos hacen reflexionar sobre cosas verdaderamente profundas. Lo más seguro se trate de eso, un error, pero últimamente me ronda en la cabeza una posible relación entre la muerte de Dios anunciada por Nietzsche y la obra teatral de Samuel Beckett “Esperando a Godot”. Beckett negó que Godot fuera Dios, pero ¿y si Godot fuera no Dios sino la muerte de Dios en un anagrama de Gott-tod (en alemán, Dios-muerte)?
Está claro que la obra teatral “Esperando a Godot” crea un clima nihilista, comparable a otras de sus obras.
Siempre recuerdo la impresión que me llevé la primera vez que conocí la obra de Beckett. Mi madre me invitó a ver “Final de Partida” sin saber realmente de qué iba, ni quién era Samuel Beckett. Alfredo Alcón, uno de los actores argentinos de la compañía que representaba la obra, se hospedaba en el hotel que dirigía mi madre por aquel entonces. Esa fue la razón, casual o no, de que fueramos a ver la obra. Yo tenía unos 20 años y llevaba una vida intelectualoide-bohemia y estudiaba filosofia en la URL. La interpretación de Alcón aquella noche me dejó marcado para siempre y me hizo beckettiano temporalmente.
Siguiendo con el tema principal de Gott-tod, en la obra de “Esperando a Godot” los días (2) se repiten de forma similar, aunque no exacta. El mismo comienzo, la misma estructura, el mismo final que da la sensación de continuidad al infinito.
Ante la muerte de Dios, el hombre no ha aprendido a no esperar. Tiene la tendencia de que al final hay un sentido pero ya no sabe con qué llenarlo. Godot es el vacío dejado por Dios y no Dios, como se suele afirmar. Ante el vacío del sentido como finalidad, la vida es pura repetición, puro ciclo, tan vacía como el final al que esperan; y seguirá siendo así mientras se siga esperando.
