Viene un poquito a cuento con mi anterior entrada. La cuestión que ahora me planteo es por qué los hombres necesitamos realizarnos. Parece que lo humano está por hacerse. Este sentimiento continuo de insatisfacción personal, ¿tiene algún sentido biológico? ¿Los animales tienen está necesidad? A simple vista, parece que no; que sus estructuras vienen más o menos determinadas, y ningún animal quiere ser otra cosa de lo que ya es. ¿Pero la evolución no indica que en el fondo esto no es así? Como si en un nivel más profundo, algo empujara hacia una construcción novedosa de lo orgánico, como si esta insatisfacción ya estuviera de algún modo en la naturaleza, como si tuviera unos mecanismos que impidieran el estancamiento del conformismo. Haciendo algo de caso, pero no mucho, a las teorías de la evolución, el inconformismo vendría dado por una inadaptación que ha de ser resuelta. Es difícil hablar sin pensar en la naturaleza antropomórficamente, pero yo no quiero hacer eso, sino lo contrario, quiero hablar naturalmente del hombre. No deseo proyectar, como bien denunció Nietzsche, aspectos humanos a la naturaleza, pero sí ver que entre el hombre y lo natural no hay ninguna diferencia. Somos naturaleza y parte de lo que es ella se muestra plenamente en nosotros. No somos un orden azaroso surgido del caos. La inteligencia no es un azar

Un modo de desear no desear

Un modo de desear no desear

espontaneo de la naturaleza. Algo inteligente ya hay para que pueda surgir la inteligencia. Del caos solo sale caos. Nosotros somos materia, pero en la materia hay mucho más que electrones, partículas, etc. No mucho más en el sentido de añadido, sino mucho más en que algo se nos escapa y que no podemos observar desde el exterior. Pero nosotros somos materia viva, más aun, materia vivida. La vivencia es tan propia que no podemos capturarla en un laboratorio. Podemos decir si algo está vivo o no, pero la vivencia de ese ser vivo, sólo a él le pertenece. Debemos ir, pues, con cuidado porque de la vivencia de la naturaleza viva no sabemos absulatemente nada, excepto la nuestra propia.

Y todo esto para hablar de la realización personal. La realización  personal no es más que otro engaño. No es “nuestra”, no nos pertenece. Algún mecanismo oculto ha determinado que para nuestro cambio y “avance” sea necesaria la ilusión el sueño, el aspirar a algo. Ya decía bien el malhumorado Schopenhauer que tras la consecución del deseo, sólo hay tedio y más deseo. Por qué necesitamos aspirar a algo es un misterio. ¿Cambia en realidad algo cuando alguien se realiza o cuando no? Es una necesidad como lo es el comer. Estamos destinados a querer ser algo que no somos, a completar aquello que ya somos, … ¿Qué sentido tiene? Algún sentido tendrá, pero no es un sentido humano, o quizá nada de eso: un simple ensayo de la naturaleza, una mirada que se da a sí misma del mundo. ¿Qué podemos decir en realidad de todo esto?