Lo real interactúa con el cerebro que también es real, nada metafísico, por decirlo de algún modo. Las influencias externas, el entorno, reestructuran al cerebro y el cerebro reestructura lo real. Hay quien pondrá el acento en el sujeto y quien lo pondrá en el objeto, pero dicha acentuación ya crea una distinción que, esta sí, es una distinción irreal. Lo real es la persona y también su entorno. La ruptura entre sujeto y objeto, de observador y mundo, es un problema de una mal comprensión de la perspectiva.
Este es un tema que no desarrollaré extensamente aquí, ya que todavía es incipiente, pero va entorno a la excesiva importancia que se le otorga al yo, a un sujeto que no deja de ser una perspectiva dentro de un organismo muy complejo. Nos centramos en esta perspectiva y nos olvidamos de la inmersión de lo real (el hombre) en lo real, como afirmó recientemente el Dr. Alejandro LLano en la presentación del libro Metafísica tras el final de la metafísica. Esta perspectiva no tiene una vivencia material (¿cómo es una vivencia material?) aunque en realidad lo sea. De ahí la ruptura. Las reflexiones que me sugiere este tema se mueven entre la física y la lírica. ¿El vacío de la materia, ese vacío inmenso en el espacio del átomo, es el mismo vacío inmaterial que sentimos y que se suele llamar el alma? De ahí una dificultad que añadir cuando Zubiri explica qué es la psique, cuando afirma que ésta se sitúa en el cuerpo, pero que no está en un lugar concreto ya que es la misma estructura del cuerpo la que es psíquica, un subsistema, dice él.
Por otro lado, es cierto que los modelos científicos son creaciones explicativas de lo real, pero, ¿son sólo creaciones mentales o algo hay en la realidad que necesita y puede ser explicado? No sabemos hasta que punto esos modelos son más o menos acertados, ¿o sí lo sabemos? Si podemos decir que un modelo es erróneo no es porque otro sea más bello, sino porque explica mejor la realidad. Pero si, aunque explique mejor la realidad, podemos afirmar que aun así no es verdadero, es porque realmente admitimos que no se ajusta a lo real. Si fuera sólo una invención mental, no habría problema en admitirlas. La realidad clama ser explicada. Qué bella es esa imagen de la naturaleza que se observa a sí misma a través del hombre.
El pensamiento clásico de rechazo a los sentidos, pensamiento que dura hasta a la modernidad, porque los sentidos nos engaña, no es razón para darles la espalda en la búsqueda de la verdad (a lo mejor el error está en pensar que la verdad es eterna), porque si nos damos cuenta de supuesto engaño es gracias a los mismos sentidos y no a la soledad de la razón que reflexiona silogísticamente. Esta fe ciega (nunca mejor dicho)en la razón es la semilla posmoderna. Ahora los sentidos nos siguen engañando, pero también la razón. No es de extrañar que la filosofía se esté muriendo si hasta nosotros mismos hemos perdido la fe en nuestras posibilidades. Conocedores de las trampas de la razón, algunos quieren limitar el papel del filósofo, quizás desde Wittgenstein, al de policía que descubre las falsedades del pensamiento, en desenmascaradores de impostores.
