Archive for septiembre, 2010


La pregunta por lo real

Hace unos blogs atrás expuse la dificultad de la pregunta por el sentido. Ahora se me plantea otra cuestión: ¿tan alejados estamos de lo real que nuestras representaciones no tienen relación alguna con lo representado? Desde un punto de vista evolutivo, me pregunto en qué clase de naturaleza extravagante se desarrollarían unos seres ajenos a su entorno, con unas representaciones mentales que distorsionaran totalmente lo real o, al extremo, sin conexión alguna con éste.
Según mi parecer, el cerebro crea un mundo virtual que intenta reproducir fielmente el entorno o, al menos el entorno útil para la vida, lo que se conoce como el medio. Que el cerebro reconstruye, repara, prioriza datos de lo real es demostrado.

Lo real interactúa con el cerebro que también es real, nada metafísico, por decirlo de algún modo. Las influencias externas, el entorno, reestructuran al cerebro y el cerebro reestructura lo real. Hay quien pondrá el acento en el sujeto y quien lo pondrá en el objeto, pero dicha acentuación ya crea una distinción que, esta sí, es una distinción irreal. Lo real es la persona y también su entorno. La ruptura entre sujeto y objeto, de observador y mundo, es un problema de una mal comprensión de la perspectiva.

Este es un tema que no desarrollaré extensamente aquí, ya que todavía es incipiente, pero va entorno a la excesiva importancia que se le otorga al yo, a un sujeto que no deja de ser una perspectiva dentro de un organismo muy complejo. Nos centramos en esta perspectiva y nos olvidamos de la inmersión de lo real (el hombre) en lo real, como afirmó recientemente el Dr. Alejandro LLano en la presentación del libro Metafísica tras el final de la metafísica. Esta perspectiva no tiene una vivencia material (¿cómo es una vivencia material?) aunque en realidad lo sea. De ahí la ruptura. Las reflexiones que me sugiere este tema se mueven entre la física y la lírica. ¿El vacío de la materia, ese vacío inmenso en el espacio del átomo, es el mismo vacío inmaterial que sentimos y que se suele llamar el alma? De ahí una dificultad que añadir cuando Zubiri explica qué es la psique, cuando afirma que ésta se sitúa en el cuerpo, pero que no está en un lugar concreto ya que es la misma estructura del cuerpo la que es psíquica, un subsistema, dice él.

Por otro lado, es cierto que los modelos científicos son creaciones explicativas de lo real, pero, ¿son sólo creaciones mentales o algo hay en la realidad que necesita y puede ser explicado? No sabemos hasta que punto esos modelos son más o menos acertados, ¿o sí lo sabemos? Si podemos decir que un modelo es erróneo no es porque otro sea más bello, sino porque explica mejor la realidad. Pero si, aunque explique mejor la realidad, podemos afirmar que aun así no es verdadero, es porque realmente admitimos que no se ajusta a lo real. Si fuera sólo una invención mental, no habría problema en admitirlas. La realidad clama ser explicada. Qué bella es esa imagen de la naturaleza que se observa a sí misma a través del hombre.

El pensamiento clásico de rechazo a los sentidos, pensamiento que dura hasta a la modernidad, porque los sentidos nos engaña, no es razón para darles la espalda en la búsqueda de la verdad (a lo mejor el error está en pensar que la verdad es eterna), porque si nos damos cuenta de supuesto engaño es gracias a los mismos sentidos y no a la soledad de la razón que reflexiona silogísticamente. Esta fe ciega (nunca mejor dicho)en la razón es la semilla posmoderna. Ahora los sentidos nos siguen engañando, pero también la razón. No es de extrañar que la filosofía se esté muriendo si hasta nosotros mismos hemos perdido la fe en nuestras posibilidades. Conocedores de las trampas de la razón, algunos quieren limitar el papel del filósofo, quizás desde Wittgenstein, al de policía que descubre las falsedades del pensamiento, en desenmascaradores de impostores.

Mi Dios

Ramas y Cielo - fotografía de Daniel Lorenzo Martínez

Imaginemos que no existe el universo; que no existe absolutamente nada. Pero no. Imaginemos que en esta nada hay un pequeño punto, una partícula de cualquier cosa, una casi nada de algo, pero que está ahí. Indiscutiblemente. No existe nada más que esa partícula vagando por ningún sitio, salvo el que ella misma ocupa. Esa pequeña y casi nada concentra toda la exitencia de lo que es y puede ser. ¿Qué hace allí? ¿Por qué existe? Los interrogantes que me surgirían ante esa partícula hipotética son los mismos que me surgen ante el universo. Me da igual lo que opine Stephen Hawking. Estos interrogantes están en el limbo de la religiosidad. Respeto lo religioso por este fondo, pero no lo que se hace en nombre de este misterio. ¡No tiene nada que ver!

Sigo opinando que la imagen que nos llega de la religión católica (hablo de ella por ser la más cercana) es básicamente moralista. Se han apoderado del gobierno de los quehaceres humanos, de lo que se debe y no se debe hacer; son los amos del bien y del mal.

Si yo fuera creente…

mi Dios no sería humano; no tendría compasión, pero tampoco odio; no amaría, pero tampoco castigaría; no me diría, ni a mí ni a mis congéneres, lo que debo hacer. Mi Dios no me daría libertad, ni tampoco me marcaría un destino. Pero si fuera algo, ¿qué sería?

Sería la explicación de esa partícula de la que antes hablaba y de todo lo que existe. Me diría sin decirme que las cosas son por algo. Podría apoyar al fin mi mente cansada, me sostendría cuando mis piernas flaquearan. Sería el Dios que me recordaría sin recordarme lo divino de mi existencia, de la oportunidad única qué es la vida y de lo milagrosa e incomprensible que es.

Este, mi Dios, me dejaría ser; no me pondría límites, no más de los que ya poseo y de los que puedo transgredir. Me explicaría sin explicármelo que mi razón es muy limitada y que no puedo por ello ni entenderle a Él ni entender el mundo; en realidad me indicaría sin indicármelo que mi comprensión es solamente humana y que no puedo ir ni mucho ni poco más allá. Me hablaría sin hablarme sobre mis creencias y como éstas surgen de su propia limitación y como necesidad de sostén ante una vida difícil o incomprensible. Ese Dios, mi Dios, me diría sin decirlo que Él es el ser y la nada, que está y no está; que lo tengo a mi disposición, pero que si no lo necesito, que no me preocupe porque ni siquiera Él es consciente de mí, ya que la consciencia es humana y mi Dios no.

Un Dios, pues, inconsciente, irracional, sin sentimientos, sin libertad, sin…, en definitiva: sin nada humano. Es por ello que mi Dios no tiene necesidad de nada, no necesita pues que yo crea en Él. Ese es pues mi Dios, el Dios en el que no creo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.