Archive for octubre, 2009


La calma de la tierra es un simple momento. Nada es para siempre y no tenemos ni idea de la magnitud de la catástrofe que está latente bajo nuestros pies… o puede que nada pase…, que todo siga igual… Aunque nunca ha sido así en la historia de la tierra que da muestra de extinciones a nivel global y peor aún, el inevitable futuro final de nuestro sol, aunque, ¡¡qué lejos está todo eso!! ¡¡Y qué!, diría siempre alguien.

Mientras tanto, aquí estamos nosotros, deambulando entre los más grande y lo más pequeño. Nos aferramos a lo conocido, a lo domesticado, a lo vulgar y superficial; como lo es, en el fondo, todo negro sobre blanco, toda obra de arte y toda estrella ardiendo en el espacio. No perdemos nada, porque no hay nada que ganar. Las metas son hormigueros en el desierto. Los preocupaciones son alfileres en el agua. Los hijos son migas de pan al viento (ilusos somos si creemos poder luego seguir el camino trazado). Un día todo será borrado.

Dejadme que os cite un texto de Nietzsche que expresa esto mismo y que a mí me pareció, la primera vez que lo leí, simplemente brutal y exacto: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto.” (comienzo de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral).

No obstante, no podemos, como Nietzsche, salirnos de nosotros mismos y observar la historia de la humanidad más allá del tiempo. La luna tiene otra cara y en ella se nos muestra la maravilla de la vida, la grandeza del amor, la intensidad de una mirada, la caricia de un dedo, la sonrisa de un amigo, la fuerza de la música, de los pensamientos, de las ficciones,… ¿Cómo separar y abstraerse de está duplicidad? Nuestra valoración está en juego, porque soy yo el que pongo el acento en lo que quiero. ¿Es más verdad el que yo defienda la parte escéptica de la existencia? ¿O puedo, con la misma intensidad, afirmar lo que antes caracterizaba como “vulgar y superficial”?

Sras. y Sres., yo elijo lo vulgar y lo superficial, el sentirme emocionado, el asombrarme ante todo hecho. Quiero reírme de la seriedad y os pido que os riais de mí. Porque la risa os hará libres. La vida tiene esa mezcla tan romántica entre la intensidad y la fugacidad… Y dejadme que me ponga algo poético, porque como arena de oro veo la vida caer entre mis manos; tan fina, que no puedo sujetarla, tan preciosa que no sé ni mirarla, porque duele demasiado ver como se escapa.

Me viene ahora a la mente,el final de Alexis Zorba, de Nikos Kazantzakis (qué gran obra). Tras haberlo perdido todo, los protagonistas se ponen a bailar y a reír. ¡Qué final más dionisíaco! Yo mismo me puse a bailar.

La di-versión espiritual

La fe en la ciencia de los siglos pasados y la creencia de que podría resolver los problemas del hombre ha ido dejando paso a un escepticismo científico y religioso que se ha convertido en una nueva espiritualidad posmoderna. No se trata de una espiritualidad conjunta, de comunión (aunque sí es común el desamparo), sino dispersa, de búsqueda, de gurús, de autoayuda, de di-versión.

Desamparo espiritual

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