Alguno de vosotros me ha comentado la dificultad por entender algunas de mis reflexiones. He añadido un extracto para los que tengan prisa o para los que no estén familiarizados con la filosofía. Intentaré ser claro.
Resumen: El filósofo vasco Xavier Zubiri explicó la moral de un modo relativista. Cada hombre tiene su propia moral según su propia idea de lo que ha de ser un hombre. La realidad, el mundo, que vemos cada uno de nosotros se ilumina de forma distinta desde nosotros mismos. Hay cosas que nos aparecen como buenas y otras como malas (y esto no es igual para todos, e incluso varía a lo largo de la vida de la misma persona). Y entre las cosas buenas, unas resaltan más que las otras: los deberes. Somos cada uno de nosotros los que, sin saberlo, colocamos estos deberes en el mundo. Si seguimos estos deberes en teoría nos autorrealizaremos. Y yo me pregunto: ¿por qué esto no se cumple muchas de las veces en la práctica? ¿Por qué no somos lo que nos gustaría ser y nos sentimos desdichados?, ¿por qué elegimos una vida “equivocada”? o, siguiendo la filosofía de Zubiri, ¿por qué escogemos una vida maleficiosa (contraria a lo beneficioso)? Respuesta: El miedo.
Reflexión: Me sorprendió muchísimo en mi lectura de Sobre el hombre de Xavier Zubiri (libro póstumo reelaborado por Ignacio Ellacuría) el relativismo tan radical de la moral. Sorprendido, sabiendo que Zubiri había sido cura hasta que su encuentro con Carmen Castro en una conferencia le cambió el camino. En este libro no propone una ética, sino que describe la moral como una dimensión estructural humana. Todo hombre es constitutivamente moral. Contado brevemente, el hombre ante la realidad y en la realidad, ésta no le aparece de un modo uniforme, sino que hay realidades que le son favorables a su autorrealización y a su idea de hombre, y otras realidades que le son perjudiciales. Zubiri engloba la realidad en su totalidad como el Bien. Creo sinceramente que el nombre usado es equívoco, porque parece afirmar la realidad como un Bien absoluto con ausencia de Mal y podría ser herencia de su formación en una filosofía (o no filosofía) cristiana. Estrictamente hablando, el mundo en su totalidad sería, no bueno, sino el Bien. Pero, viendo que en Zubiri el hombre, de algún modo se apropia, incluso físicamente, de la realidad, este Bien o los bienes del mundo serían considerados, según mi parecer, como ganancias o posesiones. Habría que ver qué significa o cómo se entiende la apropiación de un bien cuando nos recibimos a los bienes “espirituales”. Es cierto que las experiencias personales, aunque no nos apropiamos de nada físicamente (al menos como se suele entender lo físico comúnmente, como cosas materiales), sí afirmamos que nos cambian. Por ejemplo, una educación determinada realmente nos modifica físicamente, estructuralmente. Así pues, las cosas que elegimos, los caminos que escogemos en nuestra autorrealización nos acercan o nos alejan de la idea de hombre que tiene cada uno de nosotros, que no tiene porque ser una idea conscientemente elegida, ni siquiera una idea consciente. Es una idea mudable y temporal. Zubiri habla aquí de Felicidad. No es una felicidad fuera de uno, sino que es la fundamentación desde donde proyectaremos a la realidad su carácter de benéfico o maléfico. El mal pues, como tal, aquí no se afirma, sino que es relativizado desde la idea de hombre o la idea de la felicidad que es íntimamente individual.
Es asombroso el acierto, creo yo, del concepto del deber. Las realidades que nos aparecen como beneficiosas, dice Zubiri, hay unas que resaltan más que otras: los deberes. Inicialmente, somos nosotros mismos que formalizamos ciertas realidades como deberes. Son realidades señaladas de una forma más marcada que otras para conseguir mi autorrealización. Habría que preguntarse porqué muchos hombres y mujeres escogemos a veces lo contrario o no escogemos los deberes que nos aparecen para autorrealizarnos. A muchos nos gustaría ser aquéllo o lo otro, pero a veces nos quedamos quietos, o lo vemos difícil y no damos ni un solo paso para conseguir nuestros proyectos como hombres. Diría yo que el miedo al fracaso, la inquietud de la inseguridad, etc. se deberían incluir en la moral zubiriana, porque a veces da la sensación de que Zubiri afirma que los hombres y mujeres somos seres que nos autorrealizamos siempre porque nuestras elecciones vienen iluminadas por nosotros mismos con la fuerza del deber. Quizás sí que nos autorrealizamos siempre en el sentido de que somos lo que escogemos y lo que nos apropiamos, pero no siempre coinciden con la idea del hombre y la felicidad de cada uno.

La idea general de ciertos pensadores es que normalmente escogemos realizar lo que “debemos” hacer según las normas que hemos visto a nuestro alrededor, la moral de la Sociedad y el espíritu de sacrificio. Es cierto que también está el ” miedo a perder lo que tengo “. Luego estan los apegos y la creencia interna de que “el otro” o las cosas cambiaran.
Trasmito un párrafo del libro Siempre jugando, de la Dra.Idelsohn. “Desde que nace un niño operan sobre él las jerarquias que condicionan y programan su desarrollo. Ése es su entorno. Primero sus padres y familiares, más tarde sus maestros y sus tradiciones socioculturales. Se inicia su participación en lo que me agrada llamar “rebaño social”. Las preguntas que surgen son respondidas en nombre de las jerarquías. Va aprendiendo lo que está bien o mal, lo que es justo o injusto etc.
Crecer y decir amén es lo que corresponde para ser querido o aceptado. Quien cuestiona por naturaleza se encuentra en el límite o fuera del rebaño. Aprendemos pronto a conjugar los verbos. Los más importantes : DEBER-HACER-TENER y debemos aprender a : SER-DESEAR-NECESITAR.