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La seriedad de la tierra y la risa del hombre 23 Octubre 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía, Literatura.
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La calma de la tierra es un simple momento. Nada es para siempre y no tenemos ni idea de la magnitud de la catástrofe que está latente bajo nuestros pies… o puede que nada pase…, que todo siga igual… Aunque nunca ha sido así en la historia de la tierra que da muestra de extinciones a nivel global y peor aún, el inevitable futuro final de nuestro sol, aunque, ¡¡qué lejos está todo eso!! ¡¡Y qué!, diría siempre alguien.

Mientras tanto, aquí estamos nosotros, deambulando entre los más grande y lo más pequeño. Nos aferramos a lo conocido, a lo domesticado, a lo vulgar y superficial; como lo es, en el fondo, todo negro sobre blanco, toda obra de arte y toda estrella ardiendo en el espacio. No perdemos nada, porque no hay nada que ganar. Las metas son hormigueros en el desierto. Los preocupaciones son alfileres en el agua. Los hijos son migas de pan al viento (ilusos somos si creemos poder luego seguir el camino trazado). Un día todo será borrado.

Dejadme que os cite un texto de Nietzsche que expresa esto mismo y que a mí me pareció, la primera vez que lo leí, simplemente brutal y exacto: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto.” (comienzo de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral).

No obstante, no podemos, como Nietzsche, salirnos de nosotros mismos y observar la historia de la humanidad más allá del tiempo. La luna tiene otra cara y en ella se nos muestra la maravilla de la vida, la grandeza del amor, la intensidad de una mirada, la caricia de un dedo, la sonrisa de un amigo, la fuerza de la música, de los pensamientos, de las ficciones,… ¿Cómo separar y abstraerse de está duplicidad? Nuestra valoración está en juego, porque soy yo el que pongo el acento en lo que quiero. ¿Es más verdad el que yo defienda la parte escéptica de la existencia? ¿O puedo, con la misma intensidad, afirmar lo que antes caracterizaba como “vulgar y superficial”?

Sras. y Sres., yo elijo lo vulgar y lo superficial, el sentirme emocionado, el asombrarme ante todo hecho. Quiero reírme de la seriedad y os pido que os riais de mí. Porque la risa os hará libres. La vida tiene esa mezcla tan romántica entre la intensidad y la fugacidad… Y dejadme que me ponga algo poético, porque como arena de oro veo la vida caer entre mis manos; tan fina, que no puedo sujetarla, tan preciosa que no sé ni mirarla, porque duele demasiado ver como se escapa.

Me viene ahora a la mente,el final de Alexis Zorba, de Nikos Kazantzakis (qué gran obra). Tras haberlo perdido todo, los protagonistas se ponen a bailar y a reír. ¡Qué final más dionisíaco! Yo mismo me puse a bailar.

La di-versión espiritual 23 Octubre 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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La fe en la ciencia de los siglos pasados y la creencia de que podría resolver los problemas del hombre ha ido dejando paso a un escepticismo científico y religioso que se ha convertido en una nueva espiritualidad posmoderna. No se trata de una espiritualidad conjunta, de comunión (aunque sí es común el desamparo), sino dispersa, de búsqueda, de gurús, de autoayuda, de di-versión.

Desamparo espiritual

Desamparo espiritual

La realización personal 16 Septiembre 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía, Uncategorized.
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Viene un poquito a cuento con mi anterior entrada. La cuestión que ahora me planteo es por qué los hombres necesitamos realizarnos. Parece que lo humano está por hacerse. Este sentimiento continuo de insatisfacción personal, ¿tiene algún sentido biológico? ¿Los animales tienen está necesidad? A simple vista, parece que no; que sus estructuras vienen más o menos determinadas, y ningún animal quiere ser otra cosa de lo que ya es. ¿Pero la evolución no indica que en el fondo esto no es así? Como si en un nivel más profundo, algo empujara hacia una construcción novedosa de lo orgánico, como si esta insatisfacción ya estuviera de algún modo en la naturaleza, como si tuviera unos mecanismos que impidieran el estancamiento del conformismo. Haciendo algo de caso, pero no mucho, a las teorías de la evolución, el inconformismo vendría dado por una inadaptación que ha de ser resuelta. Es difícil hablar sin pensar en la naturaleza antropomórficamente, pero yo no quiero hacer eso, sino lo contrario, quiero hablar naturalmente del hombre. No deseo proyectar, como bien denunció Nietzsche, aspectos humanos a la naturaleza, pero sí ver que entre el hombre y lo natural no hay ninguna diferencia. Somos naturaleza y parte de lo que es ella se muestra plenamente en nosotros. No somos un orden azaroso surgido del caos. La inteligencia no es un azar

Un modo de desear no desear

Un modo de desear no desear

espontaneo de la naturaleza. Algo inteligente ya hay para que pueda surgir la inteligencia. Del caos solo sale caos. Nosotros somos materia, pero en la materia hay mucho más que electrones, partículas, etc. No mucho más en el sentido de añadido, sino mucho más en que algo se nos escapa y que no podemos observar desde el exterior. Pero nosotros somos materia viva, más aun, materia vivida. La vivencia es tan propia que no podemos capturarla en un laboratorio. Podemos decir si algo está vivo o no, pero la vivencia de ese ser vivo, sólo a él le pertenece. Debemos ir, pues, con cuidado porque de la vivencia de la naturaleza viva no sabemos absulatemente nada, excepto la nuestra propia.

Y todo esto para hablar de la realización personal. La realización  personal no es más que otro engaño. No es “nuestra”, no nos pertenece. Algún mecanismo oculto ha determinado que para nuestro cambio y “avance” sea necesaria la ilusión el sueño, el aspirar a algo. Ya decía bien el malhumorado Schopenhauer que tras la consecución del deseo, sólo hay tedio y más deseo. Por qué necesitamos aspirar a algo es un misterio. ¿Cambia en realidad algo cuando alguien se realiza o cuando no? Es una necesidad como lo es el comer. Estamos destinados a querer ser algo que no somos, a completar aquello que ya somos, … ¿Qué sentido tiene? Algún sentido tendrá, pero no es un sentido humano, o quizá nada de eso: un simple ensayo de la naturaleza, una mirada que se da a sí misma del mundo. ¿Qué podemos decir en realidad de todo esto?

Sé tú mismo 5 Julio 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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Un consejo muy utilizado, y que siempre queda muy bien, es “sé tú mismo”. ¿Pero qué quiere decir esto? A mí me deja perplejo, porque se supone que ya hay un “yo mismo”, un yo real, oculto bajo mi actuar cotidiano que sería mi “yo” ficticio, mi “yo” falso. Tras una educación de años, tras imposiciones morales, tras una configuración genética predeterminada, “arrojados” ya a un tipo de sociedad y a un mundo con una edad histórica y una tradición, cultura, lengua, …, en definitiva, determinados desde la más temprana edad por estructuraciones externas y nuestra propia disponibilidad interna, ¿quién es este ”yo mismo”? Si yo hubiera nacido en otro espacio-tiempo, ¿quién sería ese “yo mismo”? Nos creemos a veces tan genuinos, tan nuevos, creemos que somos únicos en nuestros modos y formas, pero ha habido tantos millones de existencias tan parecidas a la nuestra que haría que nuestro “yo mismo” se pusiera a temblar. Quizás no estaríamos tan alejados de esa experiencia de las religiones en las que el ego se diluye en el todo. Nuestra tradición egoista cristiana hace de la indestructibilidad del cuerpo-alma, o, mejor dicho, de su resurrección, nuestro modo de vida individualista occidental (aunque no seamos cristianos). No hay un yo mismo. Es una falsedad como es la falsedad de muchas de nuestras sensaciones. Lo falso es muy real. La mentira existe ya en nuestra forma biológica. ¿Qué es el amor, sino una gran mentira de nuestro cuerpo para la perpetuación de la especie? Lo demás es glorificación de esta mentira vital. El ser yo mismo es la afinidad de un interior con un exterior, cuando uno hace lo que le llena y le consuela, cuando uno encuentra sentido en lo que hace, etc.; pero, en realidad, “eso” no es el yo: es algo mucho más profundo y que está más allá de todo el lenguaje. El “yo” real es mucho mayor que este estúpido ser yo mismo. El “yo” real está mucho más allá de nuestra comprensión, porque nuestra inteligencia surge de este yo profundo que no sabemos qué es. Ese yo profundo tiene muchos nombres: Atman-Brahma, Ser, Dios, Voluntad de poder, Nada,… Todo lo que surge de ahí, de esa verdad profunda sin nombre, se convierte en mentira sólo por ser dicha. Todos los estilos de vidas que surgen de este seguimiento a esta profundidad son mentiras sobre mentiras.  Son interpretaciones que quieren dominar a los demás.

¿Quién es este ser yo mismo? La mentira de mí mismo que más me gusta.

No intento ni es mi intención decir qué es mejor y qué es peor. No soy quien para juzgar el valor de la mentira…

 

Una mentira parlante

Una mentira parlante

Lo obvio 21 Mayo 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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El objeto de la filosofía es lo obvio desnudado de su obviedad. Cuando esto sucede, el objeto se vuelve oscuro hasta desaparecer por completo. ¿Y si es cierto que las explicaciones del mundo son invenciones que no tienen nada que ver con la realidad? Me pregunto cómo algo tan cercano, tan obvio, se vuelve de pronto tan lejano y tan extraño. Qué extrañas sensaciones dan y, al mismo tiempo, que atractivas son las incertidumbres. Vivir en la incertidumbre, en la pregunta eterna, es  mi destino, aunque, como poseído por un extraño instinto de conservación, me resisto al silencio respetuoso del ignorante que ha comprendido y asumido su límite. ¿Cómo un alma que vive en la incertidumbre como la mía se puede acotar en la rotundidad de la afirmación académica? ¿Cómo el parloteo que se sabe ruido puede pretender decir algo? Lo obvio es inquietante cuando juega a enseñar su cuerpo tan magistralmente encubierto. Como una mosca que choca contra un cristal repetidas veces, continúo en el intento de decir algo y de comprender algo, olvidando cada vez que golpeo contra el cristal que no hay nada más allá. Puede que acabe engordando, con la pretensión de convertirme en un moscardón mayor que parezca dominar el vuelo, pero el cristal intraspasable seguirá ahí, sin haberse movido ni un milímetro de su sitio, parando mis golpes, uno tras otro.

Relativismo moral en Zubiri 23 Abril 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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Alguno de vosotros me ha comentado la dificultad por entender algunas de mis reflexiones. He añadido un extracto para los que tengan prisa o  para los que no estén familiarizados con la filosofía. Intentaré ser claro.

Resumen: El filósofo vasco Xavier Zubiri explicó la moral de un modo relativista. Cada hombre tiene su propia moral según su propia idea de lo que ha de ser un hombre. La realidad, el mundo, que vemos cada uno de nosotros se ilumina de forma distinta desde nosotros mismos. Hay cosas que nos aparecen como buenas y otras como malas (y esto no es igual para todos, e incluso varía a lo largo de la vida de la misma persona). Y entre las cosas buenas, unas resaltan más que las otras: los deberes. Somos cada uno de nosotros los que, sin saberlo, colocamos estos deberes en el mundo. Si seguimos estos deberes en teoría nos autorrealizaremos. Y yo me pregunto: ¿por qué esto no se cumple muchas de las veces en la práctica? ¿Por qué no somos lo que nos gustaría ser y nos sentimos desdichados?, ¿por qué elegimos una vida “equivocada”? o, siguiendo la filosofía de Zubiri, ¿por qué escogemos una vida maleficiosa (contraria a lo beneficioso)? Respuesta: El miedo.

Reflexión: Me sorprendió muchísimo en mi lectura de Sobre el hombre de Xavier Zubiri (libro póstumo reelaborado por Ignacio Ellacuría) el relativismo tan radical de la moral.  Sorprendido, sabiendo que Zubiri había sido cura hasta que su encuentro con Carmen Castro en una conferencia le cambió el camino. En este libro no propone una ética, sino que describe la moral como una dimensión estructural humana. Todo hombre es constitutivamente moral. Contado brevemente, el hombre ante la realidad y en la realidad, ésta no le aparece  de un modo uniforme, sino que hay realidades que le son favorables a su autorrealización y a su idea de hombre, y otras realidades que le son perjudiciales. Zubiri engloba la realidad en su totalidad como el Bien. Creo sinceramente que el nombre usado es equívoco, porque parece afirmar la realidad como un Bien absoluto con ausencia de Mal y podría ser herencia de su formación en una filosofía (o no filosofía) cristiana. Estrictamente hablando, el mundo en su totalidad sería, no bueno, sino el Bien. Pero, viendo que en Zubiri el hombre, de algún modo se apropia, incluso físicamente, de la realidad, este Bien o los bienes del mundo serían considerados, según mi parecer, como ganancias o posesiones. Habría que ver qué significa o cómo se entiende la apropiación de un bien cuando nos recibimos a los bienes “espirituales”. Es cierto que las experiencias personales, aunque no nos apropiamos de nada físicamente (al menos como se suele entender lo físico comúnmente, como cosas materiales), sí afirmamos que nos cambian. Por ejemplo, una educación determinada realmente nos modifica físicamente, estructuralmente. Así pues, las cosas que elegimos, los caminos que escogemos en nuestra autorrealización nos acercan o nos alejan de la idea de hombre que tiene cada uno de nosotros, que no tiene porque ser una idea conscientemente elegida, ni siquiera una idea consciente. Es una idea mudable y temporal. Zubiri habla aquí de Felicidad. No es una felicidad fuera de uno, sino que es la fundamentación desde donde proyectaremos a la realidad su carácter de benéfico o maléfico. El mal pues, como tal, aquí no se afirma, sino que es relativizado desde la idea de hombre o la idea de la felicidad que es íntimamente individual.

Es asombroso el acierto, creo yo, del concepto del deber. Las realidades que nos aparecen como beneficiosas, dice Zubiri, hay unas que resaltan más que otras: los deberes. Inicialmente, somos nosotros mismos que formalizamos ciertas realidades como deberes. Son realidades señaladas de una forma más marcada que otras para conseguir mi autorrealización. Habría que preguntarse porqué muchos hombres y mujeres escogemos a veces lo contrario o no escogemos los deberes que nos aparecen para autorrealizarnos. A muchos nos gustaría ser aquéllo o lo otro, pero a veces nos quedamos quietos, o lo vemos difícil y no damos ni un solo paso para conseguir nuestros proyectos como hombres. Diría yo que el miedo al fracaso, la inquietud de la inseguridad, etc. se deberían incluir en la moral zubiriana, porque a veces da la sensación de que Zubiri afirma que los hombres y mujeres somos seres que nos autorrealizamos siempre porque nuestras elecciones vienen iluminadas por nosotros mismos con la fuerza del deber. Quizás sí que nos autorrealizamos siempre en el sentido de que somos lo que escogemos y lo que nos apropiamos, pero no siempre coinciden con la idea del hombre y la felicidad de cada uno.

Filosofía y ciencia 11 Abril 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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Actualmente solemos asociar la filosofía con las letras o con las humanidades. Craso error; cuando la filosofía ha sido la madre de la ciencia actual o, al menos, ha estado asociada a ella a lo largo de la historia occidental.  Acordémonos sólo de la Academia de Platón y la prohibición de entrar en ella si no se conocía la geometría. ¿Qué sucede en la actualidad? Da la sensación que la filosofía se ha convertido en arqueología y la investigación filosófica en releer autores del pasado o a invocarlos en citas eruditas o de “autoayuda”. La  investigación no es algo que haya que obviar, y que es necesaria para una comprensión más profunda del pensamiento; pero no debería ser sólo eso, si no queremos que la filosofía se convierta en un autorreplegarse. Por este camino los filósofos estamos condenados a mantenernos al margen, a ir a la cola, a regocijarnos de nosotros mismos, en un elitismo narcisista, si no contamos con otros elementos que nos rodean. La reflexión filosófica debe nacer del límite del conocimiento, del límite del saber. El significado etimológico de la palabra filosofía debe cambiar de sentido, no debe dirigir su mirada a lo inalcanzable, a esa sabiduría siempre distante, que nunca se deja asir, a ese abismo de los que amamos la sabiduría pero no la poseemos, sino que debemos partir de un saber, aunque  límitado, y siempre con distancia, para avanzar a un conocimiento más profundo de la realidad.

Son increíbles algunas intuiciones nacidas desde la filosofía aunque luego han cogido desviaciones o conclusiones posiblemente erróneas, pero eso no quita el mérito de esa primera intuición. Pienso, por ejemplo, en la monadología de Leibniz y como resuena a las concepciones actuales sobre la materia. Una intuición de ese tipo podría dar un avance a una investigación científica. Ni qué decir del cálculo infinitesimal co-descubierto en el tiempo por él y Newton, o de su sistema binario utilizado en la actualidad por los ordenadores.

Es por ello necesario recuperar un conocimiento que ya por definición hoy en día nos ha sido vetado en una formación exclusivamente filosófica. Aquello de que las ciencias ven las partes y la filosofía el todo, es muy estético pero poco práctico, y acabamos sin entender el todo e ignorando las partes y nos convertimos en pregoneros del pasado. El filósofo no parte de la nada en su reflexión, no cierra los ojos al mundo y se cierra sólo en una razón. Incluso un Parménides parte de la realidad aunque sea para negar su aparente movilidad. Los datos son necesarios y los nuevos datos que aporta la investigación científica deben conocerse para no quedarse anquilosado en reflexiones anacrónicas. Lejos estoy de otorgar a la ciencia la posesión de la Verdad; no es eso lo que afirmo, sino, más bien, que la ciencia tiene unos límites que no puede traspasar o que puede necesitar ayuda para seguir avanzando. ¿Puede pretender la filosofía seguir siendo tal dándole la espalda a todo esto e ignorándolo? La filosofía también ha dado muchas veces la mano a la ciencia. La teoría de la falsación de Popper ha calado hondo y hoy los científicos la nombran como totalmente obvia. La filosofía y la ciencia deben recuperar su relación. Siempre me he sentido muy bien en un entorno literario, pero cuando giro la mirada hacia la biología, la física y las matemáticas siento que me falta algo, y algo importante.

Energia oscura y materia oscura 4 Abril 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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porcentajes-universoEl dia 2 de abril asistí a la presentación de  Josh Frieman, Simon White, John Peacock y Juan García Bellido sobre materia oscura, energia oscura, leyes de la física y alternativas (como la Teoría de la inflación). Una impresión que tuve es que ni entre los científicos se ponen deacuerdo, lo que ya dice mucho del tema y de cómo funcionan dichas teorías. Las leyes no dejan de ser descripciones o explicaciones de los hechos observables pero no dicen mucho de lo que es esa realidad que intentan describir. La materia oscura y la energia oscura, más la segunda quizás que la primera, son hipotésis necesarias para que las leyes cosmológicas de Einstein se adapten a los hechos o datos a describir. Ya lo dijeron en las presentaciones, Peacock concretamente, que a lo mejor es un problema de la teoria y que hace falta una nueva ley que explique las observaciones y que no haya eso que se llama la materia oscura o energia oscura. Cabe diferenciar la materia oscura de la energia oscura. La primera tiene que ver con la formación de conglomerados de galaxias que se van condensando por una atracción tal que hace suponer un cantidad mucho mayor de materia para explicar dicho comportamiento, materia claro que no se sabe qué es. La energia oscura tiene que ver con la aceleración del universo en su expansión que contradicen los modelos que hasta ahora se tenían: el que afirma que el universo se expande relanteciéndose hasta el enfriamiento y quietud, y la que habla de que, en el caso de haber la masa necesaria, habrá un gran colapso del universo.  Pues la conclusión al estudiar las supernovas como puntos de referencia, es que la aceleración aumenta. Suponen pues dicha energia oscura para explicar, según la ley vigente, dicho comportamiento. Se hablaron de otras cosas que aún tengo en el aire: principio antrópico, bosón de Higgs, teoría de las cuerdas, teoría de la inflación, multiversos, quinta esencia, … Muchas ideas y muy sugerentes. Una muy interesante es la que el universo cambia de comportamiento según los años. Dependiendo de la época del universo, las leyes no son correctas, o que a grandes magnitudes tampoco funcionan.

Parecía que, hacia el final de la jornada, todos invocaban la aparición del genio que les sacara del bache. Un nuevo mesías de la ciencia que estuviera dotado de una gran inteligencia que eclipsara a las mentes más brillantes (se supone que se referían a si mismos). La idea que me sugirió fue: y si realmente el universo se comporta de formas distintas según el lugar, que no hay una ley única que lo explique todo, sino leyes que expliquen sólo partes o fracciones del universo, pero nunca su totalidad; esto es, una posmodernidad científica, una perdida de la fe en la razón y la era de la hermenéutica del cosmos.

La pregunta por el sentido 28 Marzo 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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Cabe cuestionarse sobre si la pregunta por el sentido del hombre o, más allá, de la totalidad de lo existente es una pregunta oportuna. Hay quien defiende que el hombre tiene una finalidad (aquí sentido tiene ese significado); como individuo, como colectivo. Otros que no tiene ningún sentido o que el mismo hombre crea su sentido. La pregunta por el sentido nos toca de pleno a todos. ¿Cuándo surge la pregunta por el sentido? Me da la sensación que principalmente surge ante la admiración plena y ante lo absurdo (incluida la experiencia de la muerte ajena y la conciencia de la propia). Lo llamo absurdo para darle esta connotación negativa que tiene para nosotros la vivencia de situaciones que ponen en peligro nuestra concepción del mundo cotidiano y nos desestabilizan emocionalmente. La admiración por la naturaleza, de las distintas formas de vida, crea un preguntar optimista del sentido. La admiración da un significado positivo a nuestro desconocimiento. En cambio, el absurdo crea respuestas pesimistas y nihilistas. El sentido oscila entre la afirmación del mundo y su negación. Algunas personas nos movemos en este abanico que muchas veces las circunstancias de la biografía determinan, pero en los últimos años he centrado la mirada en la positividad. Todo sea dicho: fue mi adolescencia y juventud temprana un caminar ante el absurdo. A veces mi espíritu romántico añora aquella actitud; era otra forma profunda de sentirse vivo. Pero, ¿de dónde surge la pregunta por el sentido? De nuestra estructura mental. La forma que tenemos de enfrentarnos al mundo se caracteriza por la utilidad y la finalidad (a pesar de que mucha parte de nuestro tiempo lo gastamos en cosas inútiles y sin finalidad). Sólo es necesario que ahora mismo mires a tu alrededor y verás que estás rodeado de cosas útiles y plenas de sentido para ti. ¿Pero que ocurre cuando este mismo hábito del sentido se generaliza a la totalidad del mundo y a nuestras vidas? Le aplicamos el mismo patrón y, claro, algo no cuadra, porque es un sentido humano. Como un ojo que no podrá nunca verse a sí mismo, el hombre quiere encontrar un sentido de sí, pero sólo ve un reflejo irreal creado por su intelecto. Los resultados de este descuadre los conocemos todos y son innumerables: variedad de ofertas espirituales, necesidad de pertenecer a grupos de personas, el reconocimiento, la autorralización… ¿Podemos no hacerlo? Incluso no hacer nada sería tomar una actitud frente a una concepción del sentido. Decir que nada tiene sentido, es darle respuesta a una pregunta que tiene un esquema mental humano y no necesariamente real.

Alejandro Jodorowsky tiene una frase que da bastante en el clavo. Él dice: la vida tiene sentido, pero no sabemos cuál es. Yo la precisaría aun más: la vida tiene sentido, pero no es un sentido humano y, por tanto, incognoscible. Por lo que podríamos decir también y querríamos decir lo mismo: la vida no tiene sentido.

La pregunta inicial: ¿es oportuna la pregunta por el sentido?caspar_david_friedich Mi tentación me lleva a responder que de alguna manera la pregunta por el sentido puede ser útil para la vida, que me puede abrir los ojos, hacerme caer en cuenta de mi auto-realización, pero volvería a moverme en los esquemas de finalidad (es útil-para), sin tener en realidad ninguna respuesta. La contraria da el mismo resultado: por qué voy a comerme la cabeza con preguntas que no llevan a ningún sitio (no es útil-para). Mejor no preguntarse nada, diría en este caso, y disfruto de la vida (afirmando sin saberlo que la vida tiene la finalidad de ser disfrutada).
No obstante, siempre me surge la pregunta ante la admiración y el absurdo, para retirarse, al cabo de un tiempo, y esconderse detrás de lo cotidiano a la espera de volver a formularse.
La pregunta por el sentido no es oportuna porque no tiene una respuesta, no obstante, es inevitable hacerla y responder humanamente.

¿Por qué hay necesariamente ente y no puede no haber nada? 27 Marzo 2009

Posted by javiergiacomelli in Filosofía.
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huellas-de-particulas-subatomicasEs conocida la pregunta metafísica de Leibniz, reformulada después por Heidegger, de “¿por qué hay ente y no más bien nada?” Esta frase pensada en profundidad crea una especie de angustia abismal en el pensamiento. Te sumerge en esa excepcionalidad de la existencia. Podría no haber habido nunca nada y, sin embargo, estamos aquí rodeados de un mundo espectacular que obviamos en el quehacer diario y que nos aparece a los hombres metafísicamente sensibles. Pero recientemente me he planteado la cuestión al revés. ¿Y si realmente lo extraordinario hubiera sido el que no hubiera nada?

En la ciencia moderna, y a lo largo de la historia occidental, ha existido la concepción de que la totalidad se explicaría a partir de lo más elemental. Lo más pequeño explicaría lo más grande. No obstante, a pesar de buscar en lo más pequeño, en la investigación de las partículas subatómicas,  nos encontramos primero que no entendemos su comportamiento y sus fuerzas y mucho menos nos explican la totalidad del cosmos.

Recientemente leí unos capítulos del “Tao de la Física” de Fritjof Capra (ed. Sirio, Málaga: 2005) que me hicieron reflexionar sobre metafísica. Hay un momento (p.98) que habla de que, a nivel atómico, la materia no está en un lugar determinado sino que tiene una “tendencia a existir”. En este caso se refiere a la probabilidad de la materia de aparecer en cierto lugar de una onda, pero a mí me sugirió una tendencia a existir metafísico. Por otro lado, me hizo reflexionar sobre la indestructibilidad de la materia, al conocer los intentos de fraccionar las partículas subatómicas. Al dividirse tras una colisión, las nuevas partículas, que duraban una millonésima de segundo, se vuelven a desintegrar formando protones, neutrones y eléctrones. Da la sensación, y así parece confirmarse, que la materia-energia es indestructible, es decir, que es imposible la nada. No entro en consideraciones de si la nada es alguna cosa, un no-ser que se puede volver a negar, etc… Lo que quiero decir es que la existencia se presenta con una fuerza, una tendencia a existir (saco claramente la expresión del contexto original), que no tiene posibilidad alguna de desaparecer. No obstante, no se resuelve la pregunta por la existencia, pero sí cambia la perpectiva de la pregunta. ¿Por qué la realidad se me presenta con una fuerza tal que no puede terminar? ¿Por qué la existencia es necesaria? ¿Por qué hay necesariamente ente y no puede no haber nada?